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junio 26, 2018

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Rostros de San Cebrín: experimentados y jóvenes. Vol. 1.


De izquierda a derecha: Floren, Alberto, José Alberto y Vicente.

Para esta nueva entrada de rostros de San Cebrín hemos decidido realizar una estrevista a cuatro miembros de nuestra cooperativa, mas que una entrevista ha sido una larga charla donde compartir experiencias y diferentes visiones marcadas principalmente por el paso de los años.

Para ello hemos sentado en nuestra mesa redonda a dos de los miembros más experimentados de la bodega y a nuestro futuro, dos de los miembros más jóvenes, que escuchaban atentamente las voces de la experiencia y sus vivencias.

Para que fuera más amena la hemos dividido en dos entradas de blog y focalizado en el mundo de la viña, porque después de una hora y media hablando han salido diversos temas paralelos; pero antes de comenzar queremos dar las gracias a nuestros participantes, Vicente Ceballos, Florentino Martínez, Alberto Sodupe y Jose Alberto Parra.

 

¿Cuantos años tenéis y cuando comenzasteis con el mundo de la viticultura?

VICENTE: Buenas, yo tengo 70 años del siglo pasao, nací en 1930 y 18 de este, echar la cuenta, 88.

Yo la viticultura la he mamao desde que nací, mis padres han sido agricultores, mis abuelos han sido agricultores, mis tatarabuelos han sido todos agricultores, todos descendientes de San Asensio y aquí seguimos… de momento.

FLOREN: Hola a todos, pues yo como él. Soy de Hormilleja y desde que he nacido, nos hemos dedicado a esto, soy hijo de un labrador y una familia muy grande, éramos 8 hermanos y al ser una familia tan grande hemos trabajado el campo en muchas vertientes.

VICENTE: Yo tenía dos hermanos, una hermana se me murió con 15 años de leucemia, hacia el año 50, mi padre fue varias veces a Francia a comprar penicilina y no funcionó, ya que es para las infecciones, pero se hizo lo que se pudo y se murió con 15 años y luego otro hermano que ya no está. Eran los dos más jóvenes que yo, el más viejo es el que queda. [risas]

FLOREN: yo me acuerdo de tu hermano, que le llamábamos en Hormilleja cuatro ojos, porque llevaba gafas, iba con una prima carnal mía, y esos eran novios, se conoce que había … [jijijiji] [risas]

Siempre ha habido mucha relación entre los pueblos de la zona, me acuerdo que cuando era pequeño un año me tocó llevar la remolacha y íbamos con el ganao, ya después mi padre compró el tractor y ya la cosa cambió. San Asensio siempre ha sido más grande que Hormilleja, con deciros que mi pueblo ahora está apunto de desaparecer.

VICENTE: Sí, siempre ha habido mucha relación, a nosotros nos conocían y nos conocen en La Rioja como la cuna del clarete.

Me acuerdo que se llevaban el clarete con aquellos pellejos que los sacaban del calao, ahí de costao, que calvario, y la gente exclusiva que se dedicaba a ser sacador de pellejos.

Nos acordamos de Pablo Cachabas, con el Marticano, el Vasco etc.. pero pellejos de 10, 11 y 12 cántaras, multiplica por 16L, al costao, escalera por escalera, tin tan. El pellejo se llenaba abajo pero no del todo, y este vacío les ayudaba a dar empujoncitos cada vez que subían un escalón, era su truco, pero menudo trabajo y cuando estaban arriba o en el camión, se terminaban de llenar con una regadera del todo, eso se llamaba DESVENTAR, no se si estará bien dicho, pero el rellenar los pellejos se llamaba así.

FLOREN: Después de esto de los pellejos, la mayoría traían sus pellejos propios, de 12 cántaras, y los bajaban abajo, y como estaban dos o tres para sacarlos, había uno que los subía y los otros los cogían y apretaban para subir las escaleras con los pellejos de “12 cántaras”, a estos que apretaban se les llamaba corredores.  Traían también el mortero, uno para que inflara los pellejos, los reventaban…

VICENTE: Sí porque los pellejos venían pegados con pez dentro y había que hincharlos con un fuelle. ¿Habéis visto las cubas viejas que tienen dos agujeros enfrente?, se le ponía la canilla, si la cuba estaba trasegada, se ponía en el agujero de abajo, si estaba sin trasegar se ponía en el agujero de arriba para que no saldría el vino turbio. con un tinanco de madera debajo de la canilla, y allá con la cantara una tras otra, el pellejo se llenaba con un embudo grande; se llamaba el embudo embasador, e ibas canteando hasta 50. Cuando terminabas decías: ¡50 partida, a empezar de 1 otra vez!

Y los chicos jóvenes.

ALBERTO SODUPE: tengo 29 años, del 88. Yo llevo 6 años de joven agricultor, pero claro al vivir anteriormente en Beasain y mi padre al no dedicarse a esto como sustento, pues claro me pillaba de lejos, pero al ver mi padre que no estudiaba mucho, empecé a ir con él a la bodega los sábados y empecé ha hacer mis primeras cosas.

Luego me fui a Logroño a estudiar, y al ver que no tenía futuro me vine al campo a San Asensio, ya que mis dos abuelos por parte de padre y madre tenían viñas aquí, y desde entonces ya llevo 6 años viviendo en el pueblo y mejor que aquí no voy a estar en ningún lado, siendo mi propio jefe.

PARRA: Tengo 28 años, del 89, empecé hace 10 años en el campo, estudié aquí en el colegio de la Estrella en San Asensio y luego me baje a Logroño a continuar los estudios, pero aquel primer año que me fui, tocó una primavera muy húmeda y anduvimos espergurado mucho, y yo que en Logroño estaba más de fiesta que en clase [risas], me cogieron mis padres y me dijeron, “hala”, a echar una mano al campo, y desde entonces aquí me quedé, porque como ha dicho antes Alberto, donde mejor se está es trabajando para uno mismo, ser tu propio jefe, eso es el mayor orgullo que puede haber y si unes eso con el encanto que tiene el campo y las viñas para mí, es perfecto.

ALBERTO: Al final te tira lo que conoces y has vivido, yo pienso que si mi padre fuera carpintero sería carpintero, al final tienes que amoldarte y equilibrar tu vida y te das cuenta que el campo es un sitio bonito y es una buena salida; como oficina no hay ninguna igual.

Hombre, en invierno es duro, pero con una buena ropa se soluciona, pero comparado con lo que han pasado estos hombres, no tiene nada que ver, nosotros con el tractor, su aire acondicionado, su calefacción etc..

FLOREN: Eso iba a decir yo, ahora el campo es más fácil pero antes nosotros con la mochila desde pequeños, yo me salí del colegio a los 11 años y estábamos en el campo con la mochila de aquí para allá todo el tiempo, ¡y lo que pesaban! Había un dicho que nos decían que era: para San Juan no hay que dar más de tres manos de sulfato. 

VICENTE: Yo he echado muchas medias mochilas porque no podía con la mochila entera, te daban un baldito y a sulfatar. Yo aguanté en la escuela hasta los 13 años, pero hasta entonces haciendo muchas faltas, porque cuando te necesitaban en la bodega o en el campo echaban mano de ti. Cuando venía la época de sarmentar, a sarmentar casi todos los días. Igual ibas a clase dos días a la semana ¡y para que no te expulsaran!

Me acuerdo con la mochila, con la candaja como la llamábamos, un baldito que cabían unos 16 ó 18 litros, y otro y otro que te tropezabas o pegabas con cualquier cosa y como pesaba tanto te caías, ¡pero si éramos unos críos! Ahora los chavales son como unos robles, pero antes éramos unos mierdas.

ALBERTO: ¡Me caguen!, si ahora somos unos flojos, antes los sacos pesaban 100k o 50k.

PARRA: Pero ahora sacos de 20k o 25k. y… ¿cuando subíais los sacos de más de 100 kilos de trigo al alto?

FLOREN: ¡Hombre!, ahí ya se tendría 18 o 20 años, ha cambiado todo mucho.

En qué momento decidisteis que ibais a dedicaros al mundo de la viña, ó no lo decidisteis, vino dado.

VICENTE: yo no tuve una decisión, fue una dejadez de padres a hijos. En aquellos años los padres cuando ya tenían los 55 o 60 años ya no iban al campo, tenían su burrita y hacían muchas labores de campo como espergurar, podar, pero desligados al trabajo como pasatiempo, pero eso sí, controlando todo. Como las familias eran muy largas el trabajo pasaba a los hijos y además la mano de obra era muy barata.

FLOREN: mi padre a los 50 o incluso antes, pero claro nosotros éramos muchos. Yo soy el quinto hermano, mi madre que quería tener una hija monja y encarriló a uno para ser cura, antes era muy normal en las familias esto, pero le salió mal, porque a los 7 años de estudiar se casó con una de Hormilla y se fueron a Argentina. El resto de hermanos nos hemos dedicado a todo lo que podíamos, a la viña, al cereal hasta sacar piedras.

VICENTE: al final tenías tu forma de vida, pasaba de padres a hijos, un estilo de vida de entonces. Cuando yo era joven había muy poca gente que salía a estudiar fuera. Al campo íbamos muy contentos y dentro de lo malo, aquí en San Asensio y en toda la zona de la Rioja Alta se ha vivido muy bien gracias al vino.

ALBERTO: antes silbaba mas la gente.

VICENTE: no veas que jotas se cantaban y se oían, sobre todo al atardecer, se hecha de menos la verdad.

ALBERTO: sobre todo los viernes. [risas]

VICENTE: tu padre se retiraba del campo, le dabas algo al padre y continuabas con su trabajo. Entonces era muy duro, y claro éramos jóvenes y después de todo el día trabajando llegabas a casa, te aseabas y por la noche a tomar puro y copa y a jugar a la cartas ó al dominó, y se gastaban ahí las pesetas, pero muchas pesetas ¡eh!

El pueblo estaba lleno de gente joven hasta que se empezaron a ir en el año 51, cuando callo una tormenta de piedra,  que arrasó todo el pueblo y cosechas, como la del año pasado que fue también catastrófica.

FLOREN: Fue más fuerte la del 51 que la del año pasado, en Hormilleja chopos de 4 años se cascaron, nos pilló todo enterito y dejó todo destrozado, me acuerdo que el 4 de junio vino la piedra y el 7 vino otra y lo poco que había dejado se lo llevó, y mucha gente se tuvo que ir del pueblo a buscar trabajo.

VICENTE: os voy a decir una cuarteta, que se sigue recitando hoy en día en los bares y reuniones del pueblo y que la escribió el abuelo de la Elvi (mi mujer), le llamaban el Cucharón y dice así:

4 de junio malvado del año 51

que un momento oportuno dejaste todo arrasado

pan y vino te has llevado, fruto de nuestro sudor

trabaja trabajador, que no hay nadie más desgraciado en el mundo

que el pobre labrador.

 

FLOREN: hablando de bares, en Hormilleja no había más que el sindicato para los viejos, e iban todos los jóvenes a la cueva, que es nuestra bodega, y bueno no es un pueblo grande pero ahí estaban todos unos 20 mozos todos los días. Y al día siguiente a la aguardadentería a San Asensio.

VICENTE: Antes de ir a trabajar y cuando alguien necesitaba a un obrero iba a la aguardentería a buscar peones, que se tenía suerte, te ibas a trabajar al campo, que no, pues a esperar. El hombre que tenía la aguardentería se llamaba Tiziano, que te ponía unos vasos pequeñitos con orujo o con moscatel y un poco de pan. Eso era un buen desayuno [risas]

 

Hasta aquí llega la primera parte de la entrevista, esperamos que os haya entretenido y sobre todo que os haya acercado a conocernos un poco mas, como son nuestras gentes, nuestras tradiciones y nuestra tierra.

Os esperamos pronto con la segunda parte de la mesa redonda y si queréis saber más, podéis venir a visitarnos o contactar con nosotros.

 

 

2 comentarios

  • Asun Ruiz says:

    Es curioso escuchar las historias de los más mayores. Forman parte del pasado pero es interesante conocerlas y recogerlas para que no se pierdan.
    Gracias.

    • admin says:

      Como ellos dicen, el mundo de su juventud y el de la de ahora es muy diferente, como vivían y como percibían el mundo no tiene nada que ver con ahora. Seguiremos con el trabajo de recolección de experiencias, costumbres y maneras de ver las cosas. ¡Gracias por tu comentario!

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