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enero 8, 2019

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La poda de la vid


Hoy queremos hablaros de la poda y que mejor época para hacerlo que en Enero.

Nuestras vides ya han dado sus frutos y han perdido las hojas. En cuanto llega el frío entran en un estado de reposo invernal, donde toda su savia deja de circular y pasa a la parte baja de la planta. Con esto, la vid se recupera y descansa de los meses de actividad, preparándose para emerger fuerte y vigorosa. No olvidemos que el ciclo biológico de la vid es de 12 meses, durante los cuales, todos los viñedos del mundo pasan por las mismas etapas y necesitan los mismos cuidados.

Si queremos conseguir una uva de calidad y alargar la vida de la misma, a lo largo del año es preciso que realicemos varias podas, todas muy importantes para el resultado final de la calidad de la uva. La vid es una planta trepadora y si la dejamos crecer en libertad puede alcanzar los 30 metros, pero en estas condiciones no serán capaces de dar muchos frutos y madurarlos con éxito. Por eso, necesitamos moldear la planta mediante las podas para conseguir buenos racimos y asegurarnos de que llegan a la maduración óptima.

En la época de invierno

Ya que estamos en enero, nos vamos a centrar en la poda que acontece a los meses de frío. Comenzamos en las primeras heladas de noviembre y se alarga hasta finales de febrero, dependiendo la situación de la finca y el tiempo que tengamos.

Preciosa postal navideña de nuestras vides nevadas con el fondo de montañas totalmente blanco. Viñas sin podar.
Foto de una de nuestras viñas antes de la poda.

No nos debemos preocupar por las bajas temperaturas del invierno ya que las vides pueden soportar hasta 10 grados bajo cero y seguirán manteniéndose sanas y salvas. Cuanto más adulta sea nuestra planta, mejor resistirá a las temperaturas bajas, ya que sus raíces son más gruesas y están más profundas en la tierra.

“Una cuidadosa poda hace a la vid más fuerte más robusta y más bella.”
Almudena Alberca, primera mujer española Master of Wine.

A temperaturas demasiado bajas, la madera se vuelve más quebradiza y, descendiendo de 0 grados, la vid tiene más problemas para cicatrizar los cortes, además correrá un mayor riesgo de contraer ciertas enfermedades, por el mismo motivo hay que evitar el podar si está lloviendo o si hay mucha niebla.
Los cortes que hagamos deberán tener cierto ángulo, para que el agua resbale por la rama y así evitar posibles focos de enfermedades.

En la época de frío, la planta se encuentra en un estado de hibernación y es el momento de quitarle todos los sarmientos (ramas) y dejarle las yemas necesarias para que cuando llegue la primavera la planta se desarrolle de la mejor manera.

La misma vid sin podar y podada. Tiene un nido con un huevo que no llegó a eclosionar.
Antes de podar y después.

Poda en vaso

En La Rioja lo más extendido es la poda en vaso, donde el número de yemas que le dejamos a la planta es muy importante.

Lo más común en nuestra zona es dejar a la vid con tres brazos ascendentes, en cada uno de ellos dejaremos dos sarmientos (o pulgares) y en cada uno dejamos dos yemas. Por lo tanto después de la poda de invierno cada planta se quedará con 12 yemas. En la teoría cuando la planta comience a dar frutos, de cada yema saldrá un sarmiento que dará 2 racimos, por lo tanto obtendremos en cada vid 24 racimos.

Decimos en teoría porque la realidad es otra, tenemos varios factores que disminuyen la cantidad de racimos, como la floración y fecundación irregular, las plagas y enfermedades que pueden modificar el crecimiento de los racimos, una maduración irregular de la uva o que nuestra vid no pueda tener tres brazos.

Poda de la vid en La Rioja.

Este tipo de poda de doce yemas es el más típico en La Rioja, pero en algunos casos se puede encontrar más de doce yemas, así obtendremos más racimos. A este hacer, lo llamamos “poda larga”.

En nuestra zona de D.O. Rioja esto sería impensable ya que el consejo Regulador especifica que la poda permitida es a 12 yemas, limitando así la producción de uva tinta a 6,500 kg y 9,000 kg para uva blanca por hectárea.

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